Quién es Aitana López, la IA influencer: cómo se creó

Creada por una agencia en Barcelona, Aitana López es una influencer hecha 100% con inteligencia artificial que ya suma más de 300.000 seguidores y genera casi 11.000 euros mensuales. Su éxito abre preguntas incómodas sobre el futuro del marketing, la ética y los estándares de belleza.

28 de agosto, 2025 | 20.50

Las redes sociales ya no distinguen entre lo real y lo ficticio. Mientras TikTok y Twitch coronan a figuras de carne y hueso, Instagram vio nacer a Aitana López (@fit_aitana), una joven de melena rosa y cuerpo atlético que, aunque parece real, nunca existió. Es el producto de The Clueless, una agencia creativa de Barcelona que decidió reemplazar las complicaciones de los influencers humanos con un avatar impecable y controlable al milímetro.

El resultado fue explosivo: contratos con marcas como Intimissimi, Olaplex y Brandy Melville Spain, cientos de miles de seguidores y un caudal de ingresos que ronda los 11.000 euros por mes. En ese sentido, estamos frente a una figura que inaugura un nuevo capítulo en la economía de la influencia digital.

¿Qué es un influencer de IA?

Un influencer de inteligencia artificial (IA) es un personaje virtual diseñado con software gráfico y potenciado por algoritmos que simulan interacción humana. Su creador define su aspecto, personalidad, tono de voz y hasta su “historia de vida”. Luego, ese avatar se conecta a las redes sociales para publicar, interactuar y vender productos, igual que cualquier persona real.

El atractivo para las marcas es evidente: un influencer de IA nunca llega tarde a una sesión de fotos, jamás se ve envuelto en escándalos y siempre dice lo que conviene. No es casual que cada publicación de Aitana pueda costar alrededor de 1.000 dólares a las empresas que quieran sumarla a una campaña.

Aitana López.

Cómo se creó Aitana López

El diseñador Rubén Cruz, fundador de The Clueless, se inspiró en las “tendencias físicas” del momento para construir a Aitana: una influencer fitness, con estética vibrante y una personalidad programada para transmitir cercanía y empatía. Su nivel de realismo es tan alto que hasta se notan venas y marcas en la piel, algo que refuerza la ilusión de autenticidad.

Su universo está cuidadosamente armado: en Instagram aparece en aeropuertos, gimnasios o mientras camina por la calle, como si llevara una vida común. Pero detrás de cada foto no hay rutina diaria, sino un plan de contenidos diseñado por un equipo creativo que monitorea y ajusta su performance en tiempo real.

El lado B: ética, belleza y reemplazos

El furor por Aitana también abre debates. Por un lado, consolida un nuevo estándar de belleza digital, con cuerpos “perfectos” e inalcanzables que pueden reforzar la inseguridad en adolescentes y jóvenes. Por otro, plantea un dilema para los influencers de carne y hueso: ¿qué pasará cuando las marcas prefieran pagarle a un avatar siempre disponible antes que a un humano con caprichos y contradicciones?

Además, surgen preguntas de transparencia: ¿saben los seguidores que están interactuando con un personaje ficticio? ¿Hasta qué punto es ético vender productos a una audiencia que puede creer que esa persona realmente existe? La credibilidad de la industria digital puede verse comprometida si el negocio de los avatares no establece reglas claras.

Aitana López no es la primera influencer virtual —ya existían casos como Lil Miquela en EE.UU.—, pero sí es la que mejor encarna esta era donde la IA y el marketing se fusionan sin pudor. Su éxito comercial confirma una tendencia: el futuro de la influencia ya no depende solo de personas reales, sino también de personajes creados por algoritmos.