¿Por qué siempre hay lugar para el postre? El cerebro tiene la respuesta

Investigadores del Max Planck descubrieron que el cerebro activa un mecanismo que permite seguir comiendo postre aunque estemos llenos. ¿Por qué el dulce siempre encuentra lugar?

06 de enero, 2026 | 17.22

¿Alguna vez te pasó que, tras un almuerzo abundante, una vez que ya estás lleno, de repente aparece un hueco para el postre? Esa sensación que muchos llaman 'el estómago del postre' no es un mito ni un truco del estómago, sino un fenómeno que ocurre en nuestro cerebro, según revelaron científicos del instituto Max Planck.

El estudio, realizado con ratones, mostró que estas criaturas, al igual que nosotros, pueden estar saciados tras una comida rica en grasas y proteínas, pero al ofrecerles un dulce con aroma a limón o cereza, lo consumen con gusto. Esto llamó la atención de los investigadores, quienes buscaron qué hacía que ese postre fuera tan irresistible incluso cuando el cuerpo ya no necesitaba más calorías.

El efecto de las neuronas POMC 

La clave está en las neuronas POMC del hipotálamo, que normalmente indican al cerebro que es momento de dejar de comer al producir la hormona estimulante de los melanocitos alfa (α-MSH). Sin embargo, ante la presencia de un postre azucarado, estas neuronas secretan también β-endorfina, un opioide relacionado con el placer que, a su vez, estimula el apetito y permite ignorar la sensación de saciedad.

Henning Fenselau, jefe del grupo de investigación, explicó que desde un punto de vista evolutivo este mecanismo tiene sentido: "El azúcar puro es raro en la naturaleza y es una fuente de energía instantánea. Por ello, el cerebro está programado para garantizar el consumo de azúcar siempre que esté disponible". Así, el estómago del postre sería un mecanismo evolutivo que nos ayudaba a aprovechar esa energía cuando el acceso al azúcar era limitado.

En la actualidad, sin embargo, el azúcar está presente en casi todos los alimentos y su consumo excesivo es un problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud recomienda que la ingesta diaria de azúcares libres no supere el 10% de la ingesta calórica total, es decir, alrededor de 50 gramos por día, y que idealmente sea menor a 25 gramos para obtener mayores beneficios.

Este exceso está vinculado a trastornos metabólicos, sobrepeso y obesidad, condiciones que afectan a millones de personas. El conocimiento del mecanismo cerebral que impulsa el consumo de azúcar podría ser clave para desarrollar tratamientos más efectivos para estos problemas.

Las neuronas POMC liberan beta-endorfina ante el azúcar, generando placer y apetito.

De hecho, en una segunda fase del experimento, al bloquear la producción de β-endorfina en los ratones, estos dejaron de consumir postre estando llenos, tratando el azúcar como un alimento más y no como una necesidad imperiosa. Este hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias para combatir trastornos alimentarios relacionados con el azúcar.

Además, el equipo del Max Planck comparó las áreas cerebrales de humanos y ratones y constató que el funcionamiento de las neuronas POMC es muy similar en ambas especies, lo que refuerza la posibilidad de aplicar estos descubrimientos a la salud humana.

Actualmente, existen medicamentos que bloquean los receptores opiáceos en el cerebro y ayudan en la pérdida de peso, aunque su uso para este fin todavía no está completamente extendido. Según Fenselau, "la combinación de varias terapias con un mismo fin, por lo general, presenta una mayor eficacia", por lo que continuarán investigando sinergias entre fármacos para mejorar tratamientos contra la obesidad y otros trastornos relacionados.