Una experta en inteligencia artificial logró reducir el precio de un pasaje aéreo de 1.260 dólares a apenas 118 usando herramientas de IA, y su experiencia volvió a poner en debate cómo la tecnología puede cambiar por completo la forma de buscar vuelos baratos. Lejos de tratarse de un error aislado o una promoción puntual, el caso muestra un método sistemático que aprovecha la capacidad de la IA para analizar miles de combinaciones que un usuario común difícilmente podría evaluar de manera manual.
La protagonista es Nona, especialista en inteligencia artificial, quien detalló paso a paso cómo utilizó modelos conversacionales para detectar rutas, fechas y aeropuertos alternativos que los buscadores tradicionales suelen pasar por alto. La clave, según explica, está en cambiar el enfoque: en lugar de pedir un vuelo concreto en una fecha cerrada, la IA actúa como analista de precios y explora todas las opciones posibles entre regiones amplias, sin limitar desde el inicio ni aeropuertos ni aerolíneas.
Aeropuertos alternativos y tramos separados
El primer gran diferencial aparece al considerar aeropuertos alternativos. Volar desde una ciudad cercana o aterrizar en un aeropuerto secundario puede reducir de forma significativa el precio final, incluso si eso implica sumar un traslado terrestre. La IA evalúa estas variables en segundos y detecta combinaciones que no suelen aparecer en las búsquedas clásicas.
Otro punto clave es dividir el viaje en tramos independientes. En lugar de comprar un pasaje de ida y vuelta, el sistema propone fragmentar el recorrido, combinar aerolíneas distintas o aceptar escalas más largas. Esta estrategia permite acceder a tarifas que quedan ocultas en los motores de búsqueda convencionales y que rara vez se muestran como una opción “recomendada”.
Fechas flexibles y fuerza bruta computacional
La flexibilidad en las fechas también juega un rol decisivo. En vez de mover uno o dos días, la inteligencia artificial analiza ventanas completas de semanas, identifica patrones de precios y detecta caídas puntuales que la mayoría de los usuarios nunca llega a ver. Todo el proceso se basa en fuerza bruta computacional: miles de combinaciones evaluadas, descartadas y refinadas hasta llegar a unas pocas opciones realmente convenientes.
El paso final siempre es manual. La IA no compra el pasaje, pero sí señala las mejores alternativas para luego confirmarlas en buscadores de vuelos o directamente en las webs oficiales de las aerolíneas, usando herramientas como Grok u otros asistentes de IA.
Según Nona, no hay trampas ni vulneraciones del sistema. La inteligencia artificial no hace que los vuelos sean más baratos por sí sola, pero sí permite entender cómo funcionan los algoritmos de precios y navegar un mercado diseñado para que la mayoría de los usuarios nunca vea todas las opciones disponibles.
