La serie Valle Salvaje, ambientada en el siglo XVIII, es uno de los mayores éxitos televisivos del último año. Estrenada en septiembre de 2024, sedujo al público por la fuerza de su historia, el magnetismo de su elenco y, sobre todo, por una puesta en escena que parece arrancada de un cuadro barroco.
No fue un artificio digital ni de escenografías improvisadas: el rodaje se apoyó en espacios históricos de enorme valor patrimonial, donde cada piedra, jardín y salón remite a la vida cortesana de otra época. Esa elección fue clave para construir la atmósfera de un valle ficticio en el norte de España que, sin embargo, respira autenticidad en cada plano.
Los palacios reales que dieron vida a la ficción
Lejos de sets impersonales, Valle Salvaje se filmó en auténticos escenarios históricos, como el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso (Segovia) y el Palacio Real de Aranjuez (Madrid). Estos espacios, construidos en los siglos XVII y XVIII, fueron testigos del esplendor de los Borbones y aún hoy conservan el lujo de las cortes europeas.
A ellos se suman locaciones como el Palacio de Hoyuelos (Segovia), la Finca de la Granjilla en El Escorial, el Embalse del Tejo, las Tabladillas en Segovia y la Casa de las Cadenas en Toledo. Incluso, diversos exteriores de la ciudad de Aranjuez aportaron autenticidad a la ambientación.
Si bien buena parte del impacto visual se debe a estas joyas patrimoniales, la producción levantó también dos palacios ficticios en La Pinilla (Segovia): la Casa Grande, residencia de los Gálvez de Aguirre; y la Casa Pequeña, hogar de los Salcedo de la Cruz. Entre ambas suman más de 6.000 m², a lo que se agregan dos platós en Algete (Madrid) de 2.200 m², donde recrearon interiores con precisión obsesiva.
El éxito de la serie
Desde su estreno, Valle Salvaje ya suma dos temporadas de 120 capítulos cada una, con una tercera en camino, que tendrá 180 episodios. El elenco combina rostros consagrados y talentos emergentes: Rocío Suárez de Puga, José Manuel Seda, Sabela Arán, Manuela Velasco y Chechu Salgado, entre otros.
La ficción no solo triunfó en España: también consolidó la tendencia de las series históricas como fenómeno global, en un contexto donde plataformas como Netflix explotan la nostalgia y la reconstrucción visual del pasado para conquistar audiencias masivas en todo el mundo.