Mientras Australia pone el foco en su debut del Mundial 2026 ante Turquía, una de sus máximas figuras sobresale tanto dentro como fuera de la cancha. Jackson Irvine, capitán de los "Socceroos", es admirador de Diego Maradona y Lionel Messi, pero también se convirtió en una de las voces más críticas de la FIFA y de algunas decisiones políticas vinculadas a Donald Trump.
En cada Copa del Mundo aparecen futbolistas capaces de llamar la atención por cuestiones que van mucho más allá de su rendimiento. En el caso de Irvine, mediocampista de Australia y referente del St. Pauli de Alemania, su perfil trasciende el fútbol. La situación de que sea St. Pauli, uno de los clubes con discursos más progresistas del mundo, ya muestra una clara situación.
A los 33 años, Irvine llegó al Mundial 2026 como uno de los líderes de una selección australiana que sueña con repetir o incluso superar la histórica actuación conseguida en Qatar 2022. Sin embargo, detrás del volante de melena inconfundible y barba característica hay una personalidad que nunca tuvo problemas en expresar lo que piensa. Y entre todas sus pasiones hay dos nombres que aparecen constantemente: Maradona y Messi.
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El fanatismo por Diego Maradona que lo llevó hasta Nápoles
La admiración de Irvine por Maradona comenzó como la de millones de futbolistas alrededor del planeta. Sin embargo, con el tiempo se transformó en algo más profundo. Durante unas vacaciones en Europa, el australiano decidió viajar especialmente a Nápoles para recorrer los lugares más emblemáticos vinculados al ídolo argentino. Allí posó con una camiseta de Diego en las calles que todavía respiran el legado del campeón del mundo de México 1986. La foto apareció en su Instagram y ahí se lo puede ver con la camiseta de Diego.
No fue una acción preparada para redes sociales ni una campaña publicitaria. Fue simplemente una demostración de admiración hacia uno de los jugadores que más lo marcaron como aficionado al fútbol. La imagen recorrió rápidamente distintos portales deportivos y dejó en evidencia una faceta poco conocida del mediocampista australiano: su profunda conexión con la cultura futbolera argentina.
Pero si Maradona ocupa un lugar especial en su historia personal, Lionel Messi representa para Irvine la referencia máxima del fútbol actual. Durante una charla organizada por FIFPRO en 2025, el volante recordó cómo fue la preparación de Australia antes de enfrentar a la Selección Argentina en los octavos de final del Mundial de Qatar 2022. Entre risas, reveló una situación muy particular que involucró al entonces entrenador australiano, Graham Arnold. Según contó, el técnico evitaba pronunciar el apellido de Messi durante las reuniones tácticas previas al encuentro. En lugar de nombrarlo, se refería constantemente a él como "el número 10".
"Nuestro entrenador se negó a decir su nombre. En todas las reuniones hablaba del número 10", recordó Irvine. Eso muestra el miedo que generaba la presencia del capitán argentino. La anécdota rápidamente se viralizó porque reflejaba algo que muchos rivales de Messi experimentaron durante años: la sensación de estar frente a un futbolista capaz de cambiar cualquier partido por sí solo.
El futbolista que desafió públicamente a la FIFA
Pero Irvine también se hizo conocido por sus posiciones fuera del campo. Como integrante de FIFPRO, el sindicato internacional de futbolistas, asumió un rol activo en la defensa de los derechos de los jugadores y en debates relacionados con cuestiones sociales y políticas.
En abril de 2026 protagonizó una de sus intervenciones más resonantes al cuestionar la decisión de la FIFA de darle el Premio de la Paz a Donald Trump. El australiano consideró que la medida era incompatible con los principios de derechos humanos que el organismo rector del fútbol dice promover.
"Como organización, hay que reconocer que decisiones como esta ridiculizan lo que pretenden lograr con la carta de derechos humanos", sostuvo. Sus declaraciones tuvieron amplia repercusión internacional porque fueron realizadas por un futbolista en actividad y en vísperas de un Mundial que justamente se disputa en territorio estadounidense. La postura de Irvine no surgió de manera aislada. Durante el Mundial de Qatar 2022 fue uno de los impulsores de un mensaje colectivo de la selección australiana en el que los jugadores expresaron preocupación por las condiciones laborales de los trabajadores migrantes y por las restricciones que enfrentaba la comunidad LGBTI+ en el país organizador.
Esa posición generó repercusiones a nivel mundial y convirtió a Australia en una de las pocas selecciones participantes que se expresó públicamente sobre temas sensibles antes del torneo. Años después, el mediocampista volvió a manifestar inquietudes similares respecto de la situación de las minorías sexuales en Estados Unidos. Para Irvine, el fútbol tiene la capacidad de influir positivamente en la sociedad y no debería mantenerse al margen de determinadas discusiones. En una entrevista concedida a The Guardian había resumido esa filosofía con una frase que todavía lo representa: "Queremos usar el fútbol como motor para el bien".
