El presupuesto de los hogares argentinos sufrió una profunda transformación debido a la disparada de las tarifas que propició el gobierno de Javier Milei. Entre marzo de 2023 y marzo de 2026, el gasto en servicios esenciales experimentó subas que superaron ampliamente la evolución de los salarios, generando una fuerte crisis económica para el consumo masivo. Con aumentos incluso superiores al 2.000%, según se desprende del último informe de la consultora Focus Market, el denominado "efecto squeeze" o compresión del ingreso disponible obligó a las familias a cambiar drásticamente sus prioridades de gasto.
El "efecto Squeeze": por qué los ingresos se achican en el bolsillo
La aceleración de los precios regulados instaló un escenario complejo para las economías familiares. Este proceso de disparada tarifaria, originado por la paulatina quita de subsidios estatales que mantenían los precios en línea con los ingresos populares, se traduce en una cruda realidad: suben de forma drástica aquellos gastos fijos que resultan imposibles de eludir o recortar en el día a día.
La magnitud del desfasaje queda expuesta al contrastar los números macroeconómicos en el periodo de tres años. Mientras que la inflación acumulada general desde enero de 2023 hasta marzo de 2026 alcanzó un 875%, el componente específico de los servicios regulados trepó un 1.120%, abriendo una brecha de 245 puntos porcentuales que explica el impacto directo en el bolsillo. En ese mismo lapso, el salario promedio formal (RIPTE) pasó de $ 239.883 a $ 1.734.357. A pesar de representar una suba nominal del 623%, el sueldo real perdió poder de compra frente a la estampida de los gastos fijos básicos.
Radiografía del ajuste: los rubros que más aumentaron
El incremento de las facturas residenciales dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) demuestra la agresividad de la corrección de precios relativos. A finales de 2023, un hogar promedio abonaba apenas $ 3.664 por el servicio eléctrico y $1.380 por el gas. Para marzo de 2026, esas mismas boletas escalaron de forma abrupta a valores de $ 42.887 y $ 28.025 respectivamente, exponiendo saltos exponenciales que erosionaron la capacidad de ahorro.
Al desglosar el comportamiento porcentual por categorías frente al 623% de recomposición salarial entre los trabajdores mejor posicionados, las asimetrías se vuelven aún más evidentes:
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Agua potable: registró la suba más severa de todo el esquema con un incremento del 2.236%.
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Subte: el costo por viaje sufrió una actualización del 2.079%.
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Gas natural: acumuló un aumento del 1.930% en sus cuadros tarifarios.
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Energía eléctrica: mostró una variación al alza del 1.070%.
El transporte público: de la tarifa reprimida al impacto cotidiano
El caso de los colectivos es paradigmático. El boleto mínimo pasó de costar $ 52 en marzo de 2023 a un valor de $ 700 en 2026, lo que representa un alza del 3.138%. En términos prácticos, el gasto mensual equivalente a 60 viajes hace tres años hoy no alcanza para cubrir siquiera dos traslados.
Este salto modificó el peso del transporte dentro del salario de los trabajadores, escalando del 1,3% al 5,8% de los ingresos mensuales. Una dinámica similar afectó al subte (del 0,7% al 2,0%) y al servicio de agua (del 0,6% al 2,0%). La contracara de este fenómeno se dio en las prestaciones del ámbito privado, tales como la medicina prepaga (que cayó del 43,8% al 40% de peso en el ingreso) o los colegios privados (del 16,1% al 11,9%), dado que no partían de valores regulados por el Estado y se indexaron de manera directa con la inflación general.
El impacto comercial: el consumo de bienes absorbe el golpe
Cuando el ingreso disponible debe reasignarse de urgencia para cubrir la luz, el gas o el transporte, el consumo de bienes prescindibles es lo primero en resentirse. Las estadísticas comerciales reflejan con nitidez el enfriamiento de la actividad masiva. El índice de ventas desestacionalizado en supermercados sufrió una contracción real del 12,1% en tres años, descendiendo de los 93,1 puntos en febrero de 2023 a los 81,8 puntos en el mismo mes de 2026.
Por su parte, los centros de compras y shoppings registraron una baja del 2,3% en el mismo periodo. Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la actividad minorista experimentó un fuerte piso recesivo en enero de 2024 con un desplome interanual del 28,5%. Si bien la desaceleración de la inflación generó un rebote posterior, el indicador volvió a contraerse hacia el primer tramo de 2026, situándose todavía por debajo de los niveles registrados previos al inicio del ordenamiento económico.
Así, la pulverización de los salarios que produjo la instalación del modelo económico libertario desorganizó la vida cotidiana, que hoy se basa en drenar el sueldo en pagar cuentas de subsistencia.
