La Junta de Paz, un arma peligrosa en manos de Donald Trump

¿Qué hay detrás de la ambiciosa iniciativa global que lanzó el presidente de Estados Unidos y a la que se sumó Javier Milei? El argentino se comprometió a "contribuir". ¿Por qué se abre un nuevo capítulo peligroso en el mundo?

21 de febrero, 2026 | 20.00

No se puede dominar sin hegemonía y Donald Trump lo sabe. Dispuesto a recuperarla a cualquier precio, el presidente de Estados Unidos ha desplegado todas sus herramientas desde “la paz a través de la guerra” (eufemismo para lograr el “sometimiento a través de la extrema violencia”) hasta la reescritura de las reglas internacionales que nos rigen en la actualidad.

En este último ítem se inscribe la Junta de Paz creada en enero en el marco del Foro Económico Mundial de Davos y que tuvo su reunión inaugural el pasado 19 de febrero en Washington. 

Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.

SUSCRIBITE A EL DESTAPE

La iniciativa no cuenta con el apoyo de la mayoría de los países del mundo ni de los aliados occidentales de Washington. Se han adherido una treintena de países, casi todos flojos de papeles en democracia y derechos humanos ya que van desde las monarquías absolutas de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos hasta ejecutivos elegidos en las urnas pero que gobiernan por decretos y reprimen la libre expresión tanto de la oposición como de la prensa, como es el caso de Argentina. 

La Junta de Paz es un peligroso simulacro que busca acabar con las Naciones Unidas como legítima representante de la comunidad internacional y reemplazarla por una entidad dirigida por una sola persona (Trump). En sus inicios estaba enfocada a resolver la paz y la reconstrucción de Gaza, pero en su estatuto fundacional no se nombra específicamente a la franja y sí, en cambio, aparece la ambición de resolver los conflictos globales en general.

Esta “ONU paralela” es parte de un plan mayor para reestructurar el actual sistema global, diseñado al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de Trump es crear un órgano de gobernanza planetario liderado por él y acompañado, en principio, por sus laderos más fieles como su yerno, Jared Kushner, su amigo Steve Witkoff (ambos magnates del negocio inmobiliario) y el canciller Marco Rubio.

El canciller ha sido muy explícito sobre los planes que tiene la Casa Blanca para anular a la ONU y, sobre todo, al Consejo de Seguridad, órgano compuesto por 5 países con derecho a veto (además de EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido). “No podemos ignorar que hoy en día, en los asuntos más urgentes que se nos plantean, la ONU no tienen respuestas y prácticamente no ha desempeñado ningún papel”, dijo Rubio en la Conferencia de Seguridad de Münich el 14 de febrero pasado.

Gaza, Irán y Venezuela fueron los ejemplos que puso el canciller como los “asuntos más urgentes”. Tras enfatizar la “incapacidad” de la ONU, Rubio remarcó que fue “el liderazgo de EEUU y sus fuerzas especiales” las que lograron resolver aquellas situaciones. Y agregó una advertencia gravísima: “En un mundo perfecto, todos estos problemas se resolverían por vía diplomática. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta (…) nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional”.

En el terreno de lo concreto, la Casa Blanca también ha ido minando el poder de la ONU. Por decreto (orden ejecutiva) Trump sacó a EEUU de 60 organismos internacionales, 31 de ellos del sistema ONU.

Fútbol, turismo de lujo y guerra

La Junta de Paz, además de otorgarle a Trump el poder de hacer y deshacer, en todo el planeta, lo que le dicta su propia “moralidad”, es una millonaria fuente de negocios, incluso para entidades como la FIFA, la federación internacional de fútbol. 

Según dijo Trump en Washington, la FIFA promete recaudar 75 millones de dólares para construir, sobre los cuerpos asesinados de niños, mujeres y ancianos palestinos, canchitas de fútbol. Gianni Infantino, presente en la inauguración, mostró un video donde se veían cómo serán las 50 minicanchas (a un costo de 50 mil dólares cada una) y las 5 canchas de tamaño oficial (un millón cada una). Obviamente, la empresa de Trump va a estar entre las constructoras.

La perversión no se termina ahí. El proyecto de desplazar de sus hogares a todos los sobrevivientes palestinos, para edificar un mega resort con 200 hoteles de súper lujo sobre el Mediterráneo sigue más vivo que nunca. 

Allí aparecen los intereses del yerno de Trump, Jared Kushner y de los amigos del clan inmobiliario como el multimillonario Marc Rowan (integrante de la lista de Epstein), del Apollo Global Managment, que quiere construir inicialmente 100 mil viviendas en Gaza y Yagir Gabay, un magnate chipriota-israelí que se encargará –sin que se le mueva un músculo- de retirar restos humanos, 70 millones de toneladas de escombros y municiones sin detonar.

Tanta necrofilia y goce perverso puede ser arriesgado. Por eso Trump planifica instalar también en Gaza una base militar que cuide sus intereses y le permita, al mismo tiempo, mantener el control militar en Oriente Medio.

Según informó en exclusiva el diario británico The Guardian, EEUU planifica construir una base militar que sea el cuartel general de una futura Fuerza Internacional de Estabilización (FSI) de carácter militar y multinacional. Unas pocas empresas constructoras internacionales con experiencia en zonas de guerra ya han visitado el lugar de la posible base: una franja de llanura árida en el sur de Gaza, sembrada de arbustos de sal y retamas blancas y llena de metal retorcido acumulado en años de bombardeos israelíes.

Según los datos que obtuvo el diario británico se prevé, en una primera etapa, la edificación de una fortaleza de una superficie de 1400 x 1100 metros, rodeada por 26 torres de vigilancia blindadas montadas sobre remolques. En el interior habrá un campo de tiro y varios búnkeres. 

Diana Buttu, ex negociadora de paz palestina-canadiense denunció como “ocupación ilegal” la instalación de una base militar en Gaza y se preguntaba: “¿Cómo y de quién obtuvieron permiso para construirla?”

Paradójicamente fue la propia ONU la que dio el visto bueno para la formación de la Junta de Paz y fue el Consejo de Seguridad el que autorizó el establecimiento temporal de la Fuerza Internacional de Estabilización para proteger a la población civil de Gaza y a las fuerzas palestinas autorizadas.

Conductas turbias

La Junta de Paz fue aprobada, en noviembre de 2025, por el Consejo de Seguridad de la ONU a través de la Resolución 2803. China y Rusia se abstuvieron. Está conformada por un Comité Ejecutivo presidido por Trump y compuesto además por Kushner, Witcoff, Rubio, Rowan, Gabay y el ex primer ministro británico Tony Blair, entre otros.

Por debajo de este Comité Ejecutivo habrá otro específico para Gaza y subordinado a éste funcionaría el gobierno tecnocrático palestino acordado en los pactos de paz de octubre pasado. Hay que subrayar que Israel no cumplió con lo acordado en ese pacto y siguió atacando. De octubre a la fecha hay más de 600 palestinos asesinados por el ejército israelí.

Como si se tratara de una empresa privada, los temas a tratar en la Junta de Paz los decide Trump así como también quién será su sucesor y la aceptación o destitución de los miembros. La membresía permanente, como la que solicitó Argentina, requiere un aporte de mil millones de dólares. 

La mayoría de los países no aceptó la invitación de Trump a formar parte de ese nuevo organismo. Algunos como México, adoptaron la categoría de “observadores”. La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que una organización que no incluye a un representante palestino no está habilitada para acordar un proceso de pacificación en Gaza.

No obstante, Trump sigue adelante con sus planes, aún cuando sus reglas, su financiamiento y su ejercicio sean turbios. Incluso fuera de la ley. Según constató The Guardian, algunas decisiones no pasan por órganos legalmente reconocidos. Varios contratistas aseguraron al diario británico que, por ejemplo, las conversaciones con funcionarios estadounidenses a menudo se llevan a cabo a través de aplicaciones alternativas como Signal en lugar del correo electrónico oficial del gobierno.

MÁS INFO
Telma Luzzani

Tiene una trayectoria de más de 30 años como periodista y analista de política internacional. Trabajó en numerosos medios gráficos (Página 12, Tiempo Argentino y Clarín) y medios audiovisuales. Fue conductora de Voces del Mundo en Sputniknews y co conductora en el multipremiado programa de VISION 7 INTERNACIONAL emitido por la TV Pública. Tiene varios libros escritos. Los más conocidos son: “Todo lo que necesitás saber sobre la Guerra Fría” (2019); "Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica" (Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2012); Venezuela y la revolución (2008), entre otros.