La puja de intereses entre China y Estados Unidos por la hegemonía comercial en América Latina sumó este jueves un nuevo capítulo con Perú como escenario, con una acusación estadounidense al país oriental de estar haciendo uso del puerto peruano de Chancay, construido con capitales chinos, "en detrimento de la soberanía" del país inca. Desde la Cancillería china se defendieron de las "falsas acusaciones" y desde la Embajada oriental en Perú aseguraron que "la cooperación entre China y el Perú siempre se basa en el respeto mutuo, el trato equitativo y las ganancias compartidas".
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Con las reiteradas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump a los presidentes latinoamericanos que no adhieran a su política continental, la temperatura subió en la región cuando a finales de 2025, pocos meses después de asumir, el presidente peruano José Jerí fue escrachado en fotografías junto al empresario chino Zhihua Yang, en el escándalo bautizado como el Chifagate. Políticos de la oposición acusaron a Jerí de tráfico de influencias a favor de China y terminó con la Fiscalía de la Nación iniciando investigaciones preliminares por ese motivo y por presunto patrocinio ilegal. El Congreso, en tanto, citó a Jerí para aclarar las circunstancias de los encuentros y surgieron intenciones de mociones de vacancia y censura, en un clima político ya marcado por la polarización y el desgaste institucional, con dos presidentes destituidos de la misma manera. La figura institucional de Jerí está severamente desgastada, a menos de tres meses de las elecciones generales, convocadas para el 16 de abril.
El Puerto de Chancay, inaugurado en 2024, fue financiado por la empresa china Cosco Shipping Ports, que implicó una inversión total estimada a 3.000 millones de dólares en la reformulación y expansión del proyecto, que incluyó un nuevo diseño, el desarrollo de la ingeniería, la construcción y la operación del puerto. El dato clave en este puerto es su ubicación estratégica: está a las orillas del Pacífico sudamericano, lo que abre una puerta comercial directa entre el subcontinente y el país asiático, situación que desespera a Washington.
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"Preocupados por los últimos informes que indican que Perú podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores. Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero barato chino cuesta soberanía", escribieron en la cuenta oficial de X de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, la oficina estadounidense encargada de la política exterior hacia América Latina y el Caribe.
"La cooperación entre China y el Perú siempre se basa en el respeto mutuo, el trato equitativo y las ganancias compartidas. Nos oponemos firmemente a las acciones que interfieren en la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de otros países", escribieron desde la cuenta oficial de X de la Embajada china en Perú. A esta cruzada verbal se sumó el posteo de la Vocería de la Cancillería china, quienes afirmaron: "China se opone firmemente a las falsas acusaciones y desinformación de Estados Unidos contra la cooperación de China con Perú en el puerto Chancay".
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El Chifagate: el escándalo que dejó a Perú en una nueva crisis institucional
El escándalo del "Chifagate" desató una crisis política en Perú y dejó al presidente Jerí contra las cuerdas. A menos de tres meses de las elecciones, en el Congreso quieren impulsar la vacancia de la primera magistratura y aseguraron a principios de febrero contar con 66 apoyos para hacerlo, pero necesitan 78 firmas para habilitar el debate. Analistas sostienen que la eventual caída de Jerí también arrastraría a la conducción parlamentaria, hoy en manos del fujimorismo, lo que enfría un desenlace inmediato.
El escándalo estalló tras la difusión de imágenes que mostraban al mandatario encapuchado en un restaurante "Chifa" junto al empresario chino Zhihua Yang, en una reunión que no figuraba en la agenda oficial. Luego admitió que estuvo acompañado por el ministro del Interior, lo que empeoró el impacto político. La polémica creció todavía más cuando se conoció un segundo encuentro, esta vez en un local comercial clausurado el día anterior en el centro de Lima. Desde entonces, el mandatario enfrenta siete mociones de censura y una investigación del fiscal general interino, aunque hay escepticismo sobre su avance judicial.
