Ni error, ni exceso, lo de Lucas es un crimen

19 de noviembre, 2021 | 11.56

La demagogia punitiva no resuelve la inseguridad. Además de no aportar ninguna solución, casi siempre preludia otro gran problema: una oleada de “gatillo fácil”. Con nuevas víctimas, preferentemente jóvenes, y casi siempre de sectores populares.

Población objetivo que es víctima tanto de la violencia delictiva derivada de la brutal exclusión socio-económica que se instaló en el país a mediados de la década del ‘90, como de la violencia represiva estatal que, en los hechos, habilita de modo clandestino la aplicación de la pena capital en cabeza de las fuerzas de seguridad.

De Leandro Duarte a Lucas González, de Leo Sotelo a Rodrigo Corzo, el ciclo se repite, invariablemente. El portal de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) es un memorial que invita a preguntarse si detrás de la sucesión de casos no hay una política de Estado encubierta.

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Aunque siempre una acción es precedida por un discurso. En estos casos, el llamado a “meter bala” a “la delincuencia”, que es justo subrayar -todas las veces que se pueda- no elimina el delito, lo agrava. Porque por lo general, y paradójicamente, convierte en delincuentes a los propios policías.

Efectivos mal preparados y mal entrenados, que interpretan el sonido ambiente propiciado por la hegemonía mediática como una licencia para asesinar sin consecuencias.

Esa misma comunicación, hay que decirlo siempre, es la que dibuja en el aire el identikit de los estereotipos que van a convertirse en blancos de los asesinatos policiales.

Tez morena, gorrita, ropa deportiva, “corte rocho”, argot de suburbio y, quizá, alguno de los tantos consumos problemáticos, legales o ilegales, que promueven la publicidad en TV y el narco territorial socio de los negocios sucios policiales.

A veces, la diferencia entre el balazo y la “selfie” quizá sea que el chico o la chica hayan ganado fama cantando cumbia por las redes.

Cada tanto hay un crimen (ni un error, ni un exceso, un crimen), como el de Lucas, el chico que quería ser futbolista, que conmueve a la misma sociedad que antes se dejó hipnotizar por el “manodurismo”, y súbitamente dejan de denunciar a “los Zaffaroni” y sus “diabólicos espíritus abolicionistas”.

Pero les dura un rato.

Después vuelven a lo suyo y, como lo vienen haciendo hace 14 años en CABA, siguen votando a la derecha punitivista de Macri, Larreta y Bullrich que condecora a policías que matan por la espalda, como Luis Chocobar, o son capaces de balear a plena luz del día a un grupo de chicos que venían de cometer el delito más grave del mundo: jugar a la pelota.

Delito que en cualquier sociedad civilizada del planeta, es sabido, se paga con la muerte.

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Roberto Caballero

Roberto Caballero es periodista argentino, fundador del diario Tiempo Argentino y la revista Contraeditorial. Autor del bestseller Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, entre otros libros de investigación periodística. Conduce Fuerte y al medio en El Destape radio.

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