Para Patricia Bullrich, desde la Casa Rosada surgen proyectos de ley con objetivos, muchas veces, inalcanzables. Iniciativas que, así como las redacta el Gobierno, resultan difíciles de aprobar sin modificaciones. La distancia entre el deseo y lo posible, sumada al paso del tiempo, fueron dos factores que la obligaron a retirar capítulos centrales de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, asestándole un duro golpe al oficialismo.
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En las horas previas al debate que terminó en derrota, la senadora no se mostró enojada frente a su entorno, pero sí fastidiada por la actitud de la Rosada durante los meses de negociación. Un sentimiento que no se circunscribió solo a la figura de Federico Sturzenegger, a quien conoce hace más de un cuarto de siglo y quien ofició como el ideólogo de su programa de gobierno en la campaña presidencial de 2023.
Para el bullrichismo, una vez que los proyectos entran al Senado, la responsabilidad de negociar pasa enteramente por el ámbito legislativo, lo que abre de manera inevitable la puerta a los cambios y concesiones. No los desvela que Sturzenegger esté en desacuerdo: avanzan igual. Sin embargo, para la iniciativa de Inviolabilidad no fue tan fácil. El escándalo de Manuel Adorni y la insistencia del ministro de Desregulación por sostener la letra intacta terminaron empantanando y demorando la discusión.
La legisladora estaba convencida de que el paso del tiempo no sumaba adhesiones, sino todo lo contrario. Antes del recreso, ya le había advertido al Ejecutivo que la misión de conseguir los votos para aprobar el proyecto se había complicado y que cada día sería peor que el anterior. Por eso, apostó por salvar algo. Pudo rescatar muy poco y ahora la suerte del texto dependerá de una Cámara de Diputados extremadamente fragmentada.
Ese complejo escenario fue advertido por Damián Arabia en conversación con Perfil. Para el hombre de confianza de Bullrich en la Cámara Baja, el Congreso se encuentra “balcanizado” con 25 bloques en Diputados y la fragmentación que se vivenció esta semana en el Senado. “Naturalmente, llegar a consensos es difícil”, argumentó el diputado, por lo que solo es posible arribar a “una negociación política en donde vos, de lo ideal a lo posible, terminás eventualmente cediendo, independientemente de que quizás la voluntad sea otra”.
En línea con lo que expresó torpemente Joaquín Benegas Lynch en el recinto, a Bullrich le habían advertido que proyectos de este calibre, en tiempos convulsionados, nunca son una buena idea; mucho menos con la necesidad de conseguir votos de senadores radicales que “se asustan con tres tuits”. Ella no objetó ese razonamiento. La UCR, a través de sus distintos órganos institucionales, se pronunció activamente contra el capítulo de extranjerización y el que derogaba la Ley de Manejo del Fuego, e incluso movilizó una columna del Comité Capital, la Juventud Nacional y la Franja Morada a la plaza del Congreso durante la jornada del jueves.
Sin embargo, con mucha más gimnasia política que el novato senador que se dedica a vender tierras argentinas a extranjeros (no es chiste: Joaquín tiene una compañía que se llama Glocal Terra), Bullrich decidió iluminar a sus aliados la mañana posterior a la fallida votación. Lo hizo publicando un video titulado “la rosca”, donde desfilan los socios legislativos. La senadora sabe que cada discusión se resuelve “voto a voto” y que debe lidiar a diario con los egos de sus colegas, motivo por el cual en su entorno aseguran que le quita dramatismo a este tipo de traspiés: su filosofía dicta que “sale lo que se puede”, que la derrota de esta semana no es el fin del mundo y que en la política a veces se pierde.
Atravesada por varios frentes abiertos, en plena discusión parlamentaria Bullrich decidió profundizar su guerra con Victoria Villarruel al promover el apartamiento de su mano derecha, Mario Russo. La jugada se ejecutó a través de la senadora salteña cercana a Santiago Caputo, María Emilia Orozco, quien hizo pública una denuncia impulsada hace casi un mes por Cristian Larsen, secretario parlamentario del bloque oficialista y dirigente de estrecha confianza de Patricia.
Larsen proviene del riñón de Hernán Lombardi, fue director de RTA durante la gestión de Cambiemos y, junto a Arabia —con quien comparte una amistad—, impulsó la campaña del “Sí, se puede” de Mauricio Macri en 2019. Luego de trabajar en el equipo presidencial de Bullrich en 2023, lideró la Administración de Parques Nacionales bajo la actual gestión hasta que desembarcó en el Senado el 10 de diciembre, en simultáneo con la asunción de la exministra en su banca.
Según denunció el funcionario, Russo le envió mensajes subidos de tono que superaron todos los límites formales. Orozco reveló que el colaborador de Villarruel llegó a amenazar con "tirarlo por la ventana". En esas conversaciones también figuraban agravios contra la propia Bullrich, quien revisó el material y dio el aval para avanzar con la denuncia judicial. La causa recayó en el juzgado de Marcelo Martínez de Giorgi, que ya dispuso una custodia policial para Larsen que a pedido del dirigente aplica de forma exclusiva dentro del recinto del Congreso.
