Un grupo de investigadores descubrieron un extraño comportamiento en un tipo de ballena jorobada de Alaska. Este llamativo animal del océano no solamente utiliza el entorno para alimentarse, sino que lo modifica para aumentar el éxito en su caza.
Según el estudio, realizado por científicos de la Universidad de Hawaiʻi y la Alaska Whale Foundation, estos cetáceos fabrican redes de burbujas que les permiten capturar hasta siete veces más presas en una sola inmersión.
Este hallazgo pone a la especie (Megaptera novaeangliae) dentro del grupo reducido de animales que son capaces de crear herramientas. Lo fascinante de esto es que se diferencia de aquellos animales que usan objetos presentes en la naturaleza.
Este animal, en cambio, tiene un comportamiento que implica planificación, ajuste y control sobre la estructura generada. Esto evidencia que la ballena jorobada tiene un nivel avanzado de capacidad cognitiva.
Cómo funciona la técnica de las redes de burbujas
La estrategia de la ballena jorobada consiste en expulsar aire a través del espiráculo mientras la ballena nada en círculos bajo el agua. De esta manera, forma anillos y espirales de burbujas que actúan como una barrera visual y física para el krill, su principal fuente de alimento.
Las presas se quedan concentradas en el centro de la estructura, lo que facilita su captura en un solo movimiento ascendente. Otro detalle muy llamativo es que las ballenas jorobadas ajustan el tamaño, la profundidad y el número de anillos según el contexto.
Esta capacidad de modificar la herramienta en función de la situación demuestra que no se trata de un patrón automático, sino de una conducta estratégica.
Cómo se documentó este comportamiento
La investigación duró varios años y se centró especialmente en ejemplares solitarios. Esto ayudó a descartar que el fenómeno fuera simplemente resultado de una acción grupal espontánea.
Para el estudio, los científicos utilizaron etiquetas de succión no invasivas que registraron movimientos y profundidad durante las inmersiones. A esto se sumaron drones que captaron imágenes aéreas desde diferentes ángulos.
La combinación de estos dos recursos permitió reconstruir en tres dimensiones las redes de burbujas y asociarlas con patrones de caza específicos.
Las conclusiones del estudio
Los investigadores explicaron que existe una diferencia clave entre usar elementos disponibles en el entorno y crear herramientas activamente. Este proceso requiere un aprendizaje social por parte de los animales.
Por eso, el descubrimiento reabre el debate sobre el nivel de complejidad mental de los cetáceos. Además, abre varias preguntas: ¿es un comportamiento aprendido que se transmite por generaciones, o una capacidad que desarrollan individualmente? Por ahora, no hay una respuesta.
