Asocian el aumento de temperatura con el aumento de peso en los monos mirikiná, de Formosa

Un estudio de investigadores de Yale liderado por el argentino Eduardo Fernández-Duque lo documenta por primera vez en un primate no humano silvestre que no varió ni sus hábitos ni su alimentación

08 de junio, 2026 | 21.58

En el Este formoseño, donde una selva densa crece a lo largo de riachos que desembocan en el río Paraguay, con árboles de 20 metros de altura, yaguares, pumas, tapires, osos hormigueros, pecaríes, tucanes y loros, durante tres décadas un equipo de investigadores se dedicó a medir, pesar y seguir los hábitos de una pequeña población de monos nocturnos, monógamos y discretos: los mirikiná (Aotus azarae azarae), llamados también monos búho por sus grandes ojos adaptados a la oscuridad. 

Entre muchos otros, un dato que encontraron al analizar sus nutridos registros los sorprendió: en promedio, los individuos medidos en 2023 pesaban más que los de 1999. Curiosamente, en ese lapso las temperaturas en la región habían subido más de un grado Celsius. El resultado va en dirección contraria a lo que predicen los manuales: que los animales de climas fríos tienden a ser más grandes.

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“Somos cautos, porque vemos una asociación entre aumento de temperatura promedio y masa corporal, pero insistimos en que el título de nuestro trabajo tuviera signos de pregunta, porque estamos convencidos de los datos, pero es complejísimo explicar qué está pasando –comenta desde los Estados Unidos el investigador argentino Eduardo Fernández-Duque, director del Proyecto Mirikiná en el país y profesor de antropología en la Universidad de Yale, y último autor del trabajo publicado el último 20 de mayo de 2026 en Proceedings of the Royal Society B, y en el que figuran como coautores Jonathan Alexander Pertile y Eric J. Sargis–. Por un lado, los valores de temperatura son de bases de datos que no corresponden exactamente al lugar, que es lo que sucede con cualquier estudio de cambio climático. Los que decidimos usar, nada más que por una cuestión de confiabilidad, son los del aeropuerto, que está en la ciudad. Y en 30 años, que es el tiempo que pasó desde que arranqué con el proyecto, la cantidad de cemento, la acumulación de calor durante el día, todas las cosas que van ocurriendo en cualquier urbe, también se dieron en la ciudad de Formosa”.

Fernández-Duque, a la derecha, con su equipo durante el trabajo de campo

La sorpresa reside en que existe una regla ecológica conocida como la “regla de Bergmann”, formulada en el siglo XIX, que sostiene que los animales de sangre caliente tienden a ser más grandes en climas fríos y más pequeños en climas cálidos. La lógica termodinámica parece justificarlo: un cuerpo voluminoso retiene mejor el calor; uno liviano lo disipa con más facilidad. Por eso, en principio, se esperaría que el calentamiento global empujara a muchas especies hacia cuerpos más livianos.

Pero lo que ocurre con los mirikiná de Formosa parece ser exactamente al revés. De 287 mediciones de peso tomadas a 180 individuos entre 1999 y 2023, surge que los monos pesan en promedio unos 50 gramos más que hace un cuarto de siglo. Parece poco, pero representa un aumento del 4% sobre un peso adulto promedio de 1.300 gramos. Sería algo similar a que, a lo largo de unas pocas generaciones, los descendientes de humanos de alrededor de 70 kilos ganaran casi 3 kilos sin ningún cambio en su alimentación ni en su actividad. Y el fenómeno se da justo cuando se registra una suba de la temperatura media diaria. En ese lapso, en la provincia de Formosa, pasó de 22,2 °C en 1999, a 23,8 °C en 2023.

Para tratar de entender qué está promoviendo el aumento de peso, los investigadores analizaron varios factores posibles: la reproducción (que se beneficia de reservas energéticas mayores), la disponibilidad de alimento, la edad. Pero ninguno explicaba el patrón tan bien como la temperatura durante el primer año de vida del animal: los monos que vivieron su infancia en años más cálidos resultaron ser más pesados de adultos. En cambio, la temperatura durante la adultez no mostró esa asociación. La ventana crítica pareció ser la crianza temprana.

Fernández-Duque y Pertile

La interpretación que propone el equipo apunta a los costos de la termorregulación: cuando hace más frío, los animales jóvenes destinan más energía a mantener la temperatura corporal, y esa energía no está disponible para crecer. Un invierno más suave libera calorías que, en los primeros meses de vida, se traducen en mayor masa corporal. Como si el cuerpo aprovechara el calor ambiental para invertir en sí mismo.

Pero también advierten que no hay que apresurarse a sacar conclusiones rápidas de estos resultados. “Lo que no queremos es que alguien interprete que nosotros estamos especulando con la posibilidad de que hubo ya, en nada más que 30 años, que son cinco generaciones en esta especie de primates, algún tipo de cambio evolutivo en sus bases genéticas –subraya Fernández-Duque–. No se trata de que los mismos monos hayan aumentado de peso, sino que los monos de hoy pesan más que los de antes. Por poner un ejemplo: Dickson, en 1996, pesaba menos que Donovan en 2016”. 

Un aspecto central del estudio es la distinción que establecen entre dos tipos de cambio biológico: la microevolución (cambios en la frecuencia de genes a lo largo de generaciones) y la plasticidad fenotípica, que es la capacidad de un organismo de ajustar su forma o función en respuesta al ambiente sin alterar su ADN.

Para evaluar si el aumento de peso podía explicarse por selección natural (es decir, si los individuos más pesados sobrevivían y se reproducían mejor en el nuevo clima), el equipo corrió simulaciones utilizando la “ecuación del criador”, una herramienta standard en genética cuantitativa. Los resultados sugieren que la selección no alcanzaría a generar una modificación tan rápida en sólo dos décadas. En cambio, el patrón es más coherente con una respuesta plástica: los cuerpos de los monos actuales no son genéticamente distintos, sino que se están desarrollando de manera diferente porque el ambiente en el que crecen cambió.

El hallazgo muestra que el peso corporal en primates es un rasgo más maleable de lo que se pensaba, capaz de ajustarse en respuesta a cambios ambientales dentro de la propia vida del individuo. Esto deja flotando una pregunta de difícil respuesta: ¿el aumento de la temperatura global nos afectará a los humanos igual que a los mirikiná, motorizando el aumento de peso? 

“A nosotros nos motiva pensar qué aprende uno de la condición humana cuando estudia estos bichitos, eso es lo que a mí me llevó a hacer biología y antropología biológica –comenta Fernández-Duque–. Sin duda, las personas hace décadas vivíamos en un ambiente menos caluroso que el que experimentamos hoy. Por la urbanización y otros factores, nosotros, como seres vivos, tenemos un ambiente térmico radicalmente diferente, más allá de los cambios climáticos de los que se habla en la escala global. Y eso, por supuesto, sería increíble que no influyera en nuestra fisiología y hasta en nuestra capacidad, o voluntad de hacer más o menos ejercicio. Lo que pasa es que sería difícil encontrar hoy poblaciones humanas en una situación similar a la de los monos. Hace 30 años, tal vez uno podría haber comparado los pesos de poblaciones de cazadores recolectores con otras más agrícolas, el problema es que hoy incluso en las más alejadas de la urbanización ya penetraron los alimentos ultraprocesados y otros factores que introducen confusión, dado que la obesidad es un problema en el que intervienen muchísimos factores”.

Registros de aumento de peso en la población de monos mirikiná

Por eso, los autores son cuidadosos en no afirmar causalidad donde hay correlación. El texto del artículo reconoce explícitamente la incertidumbre sobre si la temperatura es la causa directa del aumento de peso o si hay otros factores ambientales relacionados con el calentamiento que podrían estar operando. Lo que sí queda establecido es un patrón robusto, documentado durante 24 años, que desafía las predicciones estándar y abre preguntas sobre cómo distintas especies de primates (incluyendo, potencialmente, a los humanos) responderán corporalmente a un planeta que sigue calentándose.

"Las temperaturas seguirán subiendo a medida que el cambio climático avance, y es importante entender cómo los factores ambientales cambiantes afectarán los cuerpos de los animales –afirma Pertile, nacido en los Estados Unidos, pero de familia materna también argentina, en un comunicado de prensa–. Este estudio ofrece un buen punto de partida para ese trabajo".

Aumento de temperatura en el Aeropuerto El Pucú, en Formosa

Curiosamente, aunque el peso aumentó, la longitud corporal de los animales permaneció estable a lo largo del tiempo. Los investigadores señalan que la energía extra puede no traducirse en mayor estatura si los requerimientos nutricionales mínimos para el desarrollo ya están satisfechos. Una dinámica similar, apuntan, se observa en las poblaciones humanas de países desarrollados, donde el aumento de la talla promedio se ha ido estabilizando pese a la abundancia alimentaria.

El estudio no hubiera sido posible sin el trabajo sostenido del Proyecto Mirikiná, que lleva décadas registrando la biología y el comportamiento de esta población en una estancia privada de la provincia de Formosa. Algunos animales fueron pesados una sola vez; otros, repetidamente, en distintas etapas de su vida: como crías todavía integradas al grupo familiar, como jóvenes solitarios en busca de pareja y territorio, y como adultos reproductivos. Esa acumulación paciente de datos es la que permitió detectar esa variación del 4% que, de otro modo, se habría perdido en el ruido estadístico.

Los mirikiná son, en ese sentido, un sistema de estudio privilegiado: monógamos, con grupos pequeños y estables, y con un patrón de cuidado parental excepcional donde el macho carga a las crías la mayor parte del tiempo. La combinación de esas características con un seguimiento tan prolongado convierte a esta población del Chaco en uno de los registros primatológicos de largo plazo más valiosos de América del Sur.

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Nora Bär