Un informe estima que el costo del ausentismo por enfermedades asciende a apenas el 1,4% de las jornadas laborales

Sin embargo, el impacto sanitario que tendrían los recortes a las remuneraciones propuestos en la ley que ya obtuvo media sanción en Senadores sería muy alto

18 de febrero, 2026 | 00.05

Las controvertidas modificaciones que el gobierno quiso introducir en la reforma laboral (que ya obtuvieron media sanción en la Cámara de Senadores, aunque ahora reconocen como un “error” y prometen modificar) generaron rechazo incluso entre aliados políticos. Pero si bien la mayoría de las críticas que se escuchan y se leen las atacan desde el punto de vista moral (“dejan a las personas desprotegidas cuando más lo necesitan”), de la falta de empatía (“no les importa el sufrimiento del otro”), de la crueldad, pocos se preguntan por su impacto sanitario, que sería muy alto. 

Un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) elaborado sobre la base de datos de la Secretaría de Trabajo, estima que en 2025 el 58% de las empresas privadas sufrieron la ausencia de al menos un trabajador al mes; el 49% fue por enfermedades no laborales; el 20%, por faltas sin aviso y el 31%, por otros motivos. Pero además arroja un número que revela el costo real del ausentismo: el estudio estima que equivale en general al 2,8% de las jornadas pagadas. De estas, las enfermedades no laborales explican la mitad; es decir, apenas un 1,4%. La nueva ley preveía que en el caso de estas últimas, el o la trabajadora cobraría entre el 75% y el 50% de su sueldo.

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Pero este tema tiene otra cara, aún más preocupante. El “presentismo patológico” (ir a trabajar enfermo) también tiene un costo que puede ser varias veces superior. Distintos estudios internacionales lo vinculan, por ejemplo, no con la pérdida de productividad sino con la propagación de enfermedades infecciosas. 

Uno de ellos (Positive Health Externalities of Mandating Paid Sick Leave), coliderado por Stefan Pichler y Nicolas Ziebarth, de la Universidad Cornell, mostró que en ciudades norteamericanas donde se implementaron leyes de licencias pagas, las tasas de gripe cayeron hasta un 11% durante los picos estacionales.

Otro, de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan, de la Universidad de Harvard, consideró al “presentismo patológico” como “un peligro para la salud pública” (Presenteeism: A Public Health Hazard); particularmente, en sectores de servicios y salud. Un empleado con una infección respiratoria o gastrointestinal aguda que asiste a su puesto actúa como un vector de transmisión que puede transmitir microorganismos patógenos a compañeros y clientes. Durante la pandemia de H1N1 (en 2009), algunas estimaciones calcularon que el presentismo de trabajadores infectados causó hasta siete millones de infecciones adicionales en los Estados Unidos.

NIcolás Kreplak, ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, advirtió en X: "Uno de los principales problemas epidemiológicos en Argentina y el mundo son las enfermedades crónicas. Requieren controles, cuidados, y tratamientos continuos y a tiempo. Si la reforma laboral saca ese tipo de licencias y descuentan del sueldo cuando tenés que cuidarte, va a generar un inmenso aumento de la morbimortalidad. Otro problema es el cuidado que se le debe dar a las enfermedades contagiosas, como tuberculosis o sarampión, o las enfermedades mas complejas que requieren mayores tiempos de cuidados, tratamientos y en muchos casos reducción de todo tipo de actividades, como la laboral, por ser pacientes inmunocomprometidos. Es un verdadero descalabro. Inhumano por donde se lo mire".

“El impacto sanitario va a estar muy posiblemente vinculado con dos grandes ‘epidemias’ de la salud en el nivel global –comenta Juan Manuel Castelli, especialista en enfermedades infecciosas y ex Subsecretario de Estrategias Sanitarias del Ministerio de Salud de la Nación–. En primer lugar, con el sedentarismo, que medidas de este tipo pueden promover, con sus consecuencias [negativas] en diabetes, enfermedad cardiovascular y respiratoria, entre otras. La segunda son los problemas de salud mental, que en algunos países son una de las principales causas de ausentismo, ya que está comprobado que la recreación y la actividad física ayudan a prevenirlos. Además, como soy infectólogo, no solo me preocupa que los adultos vayan enfermos a trabajar con enfermedades infecciosas, sino también su impacto en el cuidado a terceros. Sería horrible que además de ir ellos con influenza al trabajo manden a sus hijos. Adicionalmente, esto entraría en colisión con dos leyes cuya reglamentación coordiné: la ley de vacunas y la de VIH”. 

En síntesis, la implementación de normativas que imponen un alto costo por enfermedades no causadas por la actividad laboral o derivadas de actividades recreativas hacen que los trabajadores tiendan a acudir a sus puestos de trabajo a pesar de estar enfermos, son un motor de brotes infecciosos y pueden transformar cuadros simples en dolencias más complejas, lo que a largo plazo satura los sistemas de salud y reduce la vida útil de las personas.

¿Jugar al fútbol pasará a ser un riesgo laboral?

“Alguien me planteó ‘por qué te tienen que pagar si sufrís una gripe ‘manejable?’ –cuenta la epidemióloga con especialización en salud mental Alicia Stolkiner, docente de numerosas universidades e investigadora correspondiente del Conicet–. Le respondí que quizás era ‘manejable’ para ella y mortal para el compañero de trabajo que tiene un enfisema, o una enfermedad respiratoria o cardíaca crónica, o para la señora de 80 años que tomó el colectivo con ella. O, sin ser mortal, quizá contagia a cuatro para los que no es ‘manejable' y que no pueden luego ir a trabajar [con la consiguiente pérdida de salario]. Las personas pueden, además, retrasar diagnósticos o tratamientos de acuerdo con su necesidad económica. Por cierto, una ley laboral debe contemplar las nuevas formas de trabajo, pero no puede ser redactada para proteger la acumulación mientras se pone en riesgo la salud y la vida. Si tener un accidente no laboral puede reducir la remuneración al 50%, entonces hay que renunciar a hacer deportes, a salir a la calle fuera del desplazamiento al trabajo, a tomarse unas vacaciones y viajar en una ruta… En definitiva, a vivir. Eso obviamente tendrá un costo subjetivo importante y transformará la vida de forma drástica. Sí, hay mucho trabajo precarizado, pero el tema es lograr regularlo no desregular el que todavía tiene derechos”.

Por otro lado, una reducción del 50% por lesiones en actividades voluntarias (deportes, recreación) plantea una contradicción con las políticas de medicina preventiva: mientras los sistemas sanitarios promueven el ejercicio para combatir la obesidad y enfermedades cardiovasculares, una ley de este tipo castiga el "accidente deportivo”, puede desincentivar la actividad física y aumentar indirectamente la incidencia de enfermedades no transmisibles, como la diabetes o la hipertensión.

“Si a esto le sumamos licencias fragmentables, y horarios de trabajo móviles y rotativos, [la nueva norma] es un atentado directo contra la organización de la vida cotidiana especialmente para las familias nucleares y la crianza –concluye Stolkiner–. ¿Cómo se puede criar un niño o mantener una relación si no coinciden las horas de descanso y de vacaciones? Eso va a redundar en una posible profundización de la baja de natalidad (que ya está en caída libre) y en aumento de los problemas de sufrimiento psíquico por desamparo y soledad”

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Nora Bär