Nació en 1927, mantiene su decoración original y es perfecto para los amantes del té: el café notable para ir el fin de semana

Hablamos sobre Don Victoriano, también conocido como El Gato Negro, uno de los cafés notables de la Ciudad.

23 de mayo, 2026 | 16.01

A pocas cuadras del Obelisco, entre las estaciones Callao y Uruguay de la línea B de subtes, se encuentra Don Victoriano, mejor conocido como El Gato Negro. Oculto entre las librerías y los teatros que lo abrazan, se asoma su icónico cartel con la imagen de un gato negro con moño rojo, con un estilo parisino inconfundible.

Este café notable de la Ciudad de Buenos Aires cuenta con la particularidad de ser el espacio perfecto para los amantes del té. Al entrar, un gran mostrador con delicias de pastelería y una enorme cantidad de hierbas y especias reciben a quien decide resguardarse del frío de las calles porteñas a esta altura del año.

El Gato Negro es el lugar perfecto para los amantes del té.

Luego de un paseo por las librerías aledañas o de una función en el Teatro San Martín o el Paseo La Plaza, quienes caminen por esas cuadras y decidan entrar a tomar algo a El Gato Negro van a encontrar una carta que mezcla pastelería tradicional argentina con sabores de otras partes del mundo.

La historia de El Gato Negro: el café notable que mantiene su belleza del siglo XX

Fundado en 1927, El Gato Negro es uno de esos lugares de la Ciudad que parecen haberse detenido en el tiempo. A lo largo de casi un siglo logró atravesar distintas etapas de Buenos Aires sin perder aquello que lo convirtió en un clásico: su identidad y la estética que todavía hoy sorprende a quienes cruzan la puerta.

El local mantiene su decoración original y conserva sus históricos mostradores y estantes de roble, que siguen ocupados por una enorme variedad de especias, hierbas y mezclas provenientes de distintas partes del mundo. Casi como en una máquina del tiempo, el espacio invita a imaginar cómo era recorrer esas mismas cuadras porteñas varias décadas atrás.

Más allá de su propuesta gastronómica, una parte de su encanto está en la experiencia que ofrece. Los aromas a café recién molido, canela, té y especias envuelven el ambiente y convierten la visita en algo más que una simple salida para tomar una merienda o hacer una pausa durante la tarde.

Por último, el lugar cuenta con un sector donde los tés y cafés se tuestan y muelen a la vista. Tanto estos como las especias se encuentran a la venta, para quienes se quedaron con ganas de más después de saborear una rica merienda o quieren hacer un lindo regalos a sus seres queridos.