Qué significa "gilipollas": cuál es su origen y en qué casos se usa

Si bien hoy se usa en España como un insulto cotidiano, el término “gilipollas” tiene un trasfondo insólito. Conocé de dónde surge y cómo se usa en el español.

29 de agosto, 2025 | 14.23

Decirle “gilipollas” a alguien puede sonar a una simple ofensa barrial, pero detrás de esa palabra hay una historia digna de un guion de Netflix. De acuerdo a la explicación de la Real Academia Española, es un adjetivo malsonante que refiere a una persona necia o estúpida. Lo curioso es que su origen no está en la calle, sino en los pasillos del poder.

En pleno siglo XVII, cuando Felipe III intentaba sostener un imperio en bancarrota, su consejero de Hacienda, Baltasar Gil Imón de la Mota, pasó a la historia no por salvar dos veces a España de la ruina económica, sino por una anécdota que terminó marcando el castellano. De allí surgió la asociación entre “Gil” y “sus pollas”, que con el tiempo derivó en el insulto que hoy inunda bares, series y redes sociales.

Gil y sus hijas: la primera versión

Una de las historias más difundidas señala que Baltasar tenía tres hijas que desafiaron la moral de la época al pasear por el Salón del Prado con vestidos provocativos. Avergonzado por el episodio y presionado por un alguacil, el ministro las obligó a vestir hábitos de monja. Sin embargo, la comidilla social fue imparable: cada vez que la familia llegaba a un evento, se comentaba que habían llegado “Gil y sus pollas”.

La dificultad del consejero para casar a sus hijas convirtió la burla en sinónimo de torpeza. Con el tiempo, la frase se fijó en la memoria popular como una forma de señalar a los “poco avispados”.

La versión alternativa: las “gilimonas”

Otra interpretación, que también fue recuperada por historiadores, plantea que las hijas de Gil Imón no eran precisamente ingenuas, sino todo lo contrario: bellas, valientes y transgresoras. Tanto que se atrevieron a desafiar una pragmática real de la reina Margarita, que prohibía ropas escotadas y guardainfantes. El escándalo terminó con las jóvenes obligadas a vestir hábitos durante tres meses y a portar carteles de disculpa.

El episodio es símbolo de la incapacidad del ministro para controlar a sus hijas y alimentó la misma broma: “Gil y sus pollas”. La ironía histórica es que, aunque el ministro fue considerado por Felipe III “el más docto y prudente de sus hombres”, la posteridad lo recuerda como el origen de un insulto.

De la corte al meme

La fuerza de “gilipollas” es tal que sobrevivió cuatro siglos sin perder vigencia. En España se lo escucha tanto en series y programas televisivos como en un bar de barrio. Y mientras en América Latina tiene escasa circulación, en la península ibérica es casi un sello cultural, comparable al “boludo” argentino.