La mentira no solo te puede meter en problemas, sino que también cansa más a tu cerebro. Así lo determinó una investigación científica que señaló que los relatos falsos requieren del uso de más recursos cognitivos que no se utilizan cuando se habla con honestidad. Así, los mentirosos terminan más cansados y cometen más errores.
Por qué los mentirosos se cansan más, la explicación de la ciencia
Un estudio de Scientific American reveló que cada vez que se miente, el cerebro ejecuta varias funciones al mismo tiempo. Primero se debe construir un relato falso y eliminar la historia verdadera para no revelarla por error. Si bien todo se hace en segundos, hay un esfuerzo de la mente.
La investigación señala que mientras la verdad es automática y sin esfuerzo, la mentira es intencional y agotadora. El estudio señala que cuando se miente se activan múltiples redes neuronales, lo que requiere un mayor esfuerzo cognitivo que decir la verdad y desencadena respuestas de estrés medibles en todo el cuerpo.
La zona que más se activa al mentir es la corteza prefrontal dorsolateral, con la que se toman decisiones y se planifica. Cuando la mentira es más compleja, más trabaja esa área y más se cansa el cerebro, ya que esta área debe suprimir simultáneamente la respuesta real mientras construye la narrativa falsa, verifica su coherencia y predice las posibles consecuencias.
Mientras que la corteza cingulada anterior se suma a esta actividad, como un monitor interno, y detecta esas diferencias entre lo que sabe como verdad y lo que se está a punto de decir, alertando a otros sistemas cerebrales de que algo no está bien.
Así, comienzan a verse señales físicas que suelen delatar a los mentirosos, como un ritmo cardíaco elevado y otros patrones respiratorios. Estos se unen a los habituales errores y traspiés de la mentira.
¿Qué pasa cuando se miente con más habitualidad?
La investigación evaluó a personas que recurren al engaño habitual y los especialistas observaron el fenómeno que se denomina "desensibilización al engaño": las alertas que impulsa el cerebro al mentir se debilitan con el tiempo y hacen que las mentiras cada vez se sientan más naturales y menos estresantes.
Los mentirosos expertos han aprendido a mentir y a suprimir o ignorar las señales de alerta internas que emite su cerebro. Sin embargo, el trabajo es el mismo porque el costo cognitivo solo se distribuye de manera diferente.
