El escándalo que generó la decisión del Gobierno de Javier Milei de suspender la difusión del nuevo índice que refleja el nivel de inflación de la economía activó la expectativa de una aceleración en la suba de los precios en los próximos meses y una reacción oficial de provocar una mayor recesión.
La mayoría de las consultoras coincidieron que los niveles de inflación de diciembre, enero y febrero variaban décimas entre la canasta vigente y la actualizada del IPC, pero que la revisión hacia atrás iba a activar una puja de los sectores que quedaron atrasados respecto de la suba de precios, especialmente de los sindicatos por actualizar salarios. Pero además, iba a desmentir con la contundencia de los datos el relato del presidente Milei sobre la reducción de la pobreza y hasta en el nivel de actividad económica.
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La decisión del ministro de Economía, Luis Caputo, fue evitar una presión inflacionaria por reclamos salariales que se sumaría a la mayor inflación esperada por la suba de las tarifas de los servicios públicos regulados por el Gobierno y de alimentos por la baja de retenciones a los granos y la incipiente sequía.
Pero el mercado lo entiende como un reconocimiento de una aceleración del proceso inflacionario y en informes que elaboran para clientes hay agentes bursátiles como Bull Market que estimaron 2,5% para enero, 2,7% para febrero y 3% para marzo, sin importar cuál de las canastas se tomen en consideración.
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“Es lo más burdo y grotesco que vimos sobre el Indec. Se empezó a aplicar, se cargaron datos con la nueva metodología y hasta se tiene un dato preliminar y frenar el proceso daña la credibilidad del organismo y del propio Ministerio de Economía”, evaluó el analista financiero Christian Buteler. “La pregunta es cómo creer en los datos del Indec a partir de ahora, si lo pueden cambiar a gusto. Los agentes económicos pueden dejar de creer en los datos del Indec y empezar a utilizar otras variables para proyectar sus precios y demás”, advirtió.
Con la medición vigente o la que estaba proyectada la inflación es la misma; lo que varía es el número que la refleja con menor precisión con la canasta vieja o con mayor precisión con la canasta nueva. Es como usar un termómetro de mayor o menor precisión, la fiebre será la misma solo que arrojará un número más o menos ajustado a la realidad.
Un libreto harto conocido
La misma técnica de ocultar el dato que refleja la profundidad del proceso inflacionario que lleva siete meses de aceleración la utiliza el equipo económico para desinformar sobre la solidez de las cuentas fiscales y de la acumulación de reservas internacionales.
Mientras el Banco Central anuncia cada día el monto de compra de divisas, este martes por 57 millones de dólares, el Tesoro esconde las operaciones financieras que lleva adelante para pagar la cuota de intereses al Fondo Monetario Internacional, por un monto de 836 millones de dólares, que debe concretar esta semana.
El Tesoro de Estados Unidos informó que el 29 de enero le vendió 808 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG, la moneda de cuenta con el FMI) al Gobierno argentino, pero ese día no aparece ninguna estadística entre el Tesoro argentino y el Banco Central que respalde esa operación. En cambio, el 29 de enero se “materializan” 400 millones de dólares en la cuenta del Tesoro, que no se explican su origen, ya que no hay operaciones con el BCRA ni se altera la cuenta en pesos por una cifra equivalente.
Una de las posibilidades para que suban 400 millones de dólares los depósitos del Tesoro nacional en el BCRA sin operaciones de mercado ni contra la propia entidad monetaria es que se hayan utilizados depósitos en bancos comerciales, lo que tarda varias semanas en reflejarse en las estadísticas pero podría ser el motivo de la nueva suba de la tasa de interés registrada la semana pasada.
El Tesoro absorbió 2 billones de pesos en la última licitación de deuda que se liquidó el viernes pasado y está reflejada en las estadísticas del BCRA, pero ya desde antes la tasa en pesos en operaciones de caución, el termómetro (también, pero menos, intervenido por el Gobierno) para medir la liquidez de la economía venía subiendo reflejando la falta de pesos.
La tasa de caución pasó de promediar 20% TNA en MAE el 27 de enero a un promedio ponderado de 35,5% TNA en el arranque de esta semana, lo que puede reflejar que por decisión de Caputo el Banco Nación tuvo que salir a captar pesos para girar al BCRA y financiar al Tesoro.
La acumulación de reservas del BCRA también está en observación, ya que mientras compra por una ventanilla por la otra vende bonos actualizados por el dólar oficial, o dólar link, por un volumen incluso superior a las compras que realiza. El mercado está observando ese comportamiento en especial porque en febrero cae la liquidación de divisas del complejo agroexportador y se espera menos colocaciones de deuda de empresas y por lo tanto habrá menos oferta en el mercado oficial de cambios.
“El regreso a una postura contractiva vuelve a dejar en evidencia que la remonetización de la economía seguirá supeditada a la dinámica y, sobre todo, a la estabilidad del tipo de cambio”, evaluó el banco de inversión CMF.
La remonetización, que se esperaba como efecto de la acumulación de reservas, es el primer paso para aflojar la presión sobre la economía real y permitir una recuperación de la actividad, pero en el equipo económico de Milei prima la idea de que por esa vía se puede descontrolar aún más la inflación.
