A pocas horas de Capital Federal, la provincia de Buenos Aires guarda pueblos que encienden todos los sentidos con sus festivales gastronómicos. Cada fin de semana largo o fecha especial, distintas localidades reciben a visitantes con platos típicos, tradiciones regionales y un clima festivo que combina música, cultura y buen comer. Para quienes buscan una escapada distinta, la ruta del sabor se convierte en un plan perfecto.
Los pueblos del interior que tienen festivales gastronómicos
Uno de los destinos más atractivos es Mercedes, donde se celebra la Fiesta Nacional del Salame Quintero. Allí, productores locales despliegan las mejores tablas de embutidos acompañadas por quesos, panes caseros y vinos de bodegas cercanas. El evento no solo ofrece degustaciones, sino también espectáculos musicales y un mercado con productos regionales que se lleva todas las miradas.
Más al sur, en Pigüé, la herencia francesa da vida a la Fiesta de la Omelette Gigante. Cada año, vecinos y cocineros preparan miles de huevos en enormes sartenes, en un espectáculo culinario que atrae a visitantes de toda la región. El encuentro se completa con feria de artesanos, shows artísticos y una oportunidad única para conocer la historia de esta comunidad de inmigrantes.
Otro imperdible es la Fiesta del Cordero Deshuesado en Ayacucho, donde la carne vacuna deja por un momento el protagonismo para dar paso a una especialidad local: el cordero preparado de múltiples maneras. Parrillas al aire libre, recetas tradicionales y nuevas propuestas gourmet hacen de este festival una verdadera celebración de la cocina criolla.
Quienes prefieran un viaje más corto pueden optar por San Antonio de Areco, cuna de la tradición gauchesca. Allí, además de recorrer pulperías y museos, se organizan peñas y encuentros gastronómicos en los que no faltan las empanadas, el asado y los dulces caseros. Con sus calles empedradas y su aire de campo, es una escapada ideal para un día o un fin de semana.
Cada festival gastronómico en la provincia de Buenos Aires es una excusa para viajar, descubrir sabores y conectar con la identidad cultural de cada pueblo. Salir de la ciudad hacia estas celebraciones no solo garantiza una mesa abundante, sino también el encuentro con la hospitalidad de comunidades que conservan y comparten sus tradiciones.