Incendios en la Patagonia: cómo es ser familiar de un brigadista que arriesga su vida a diario

Entre la angustia y la preocupación constante, los familiares de los brigadistas a veces esperan más de 20 horas para saber cómo están quienes hace más de 50 días combaten el fuego en el Parque Nacional Los Alerces.

30 de enero, 2026 | 13.45

Los familiares de los brigadistas que combaten el fuego desde el 9 de diciembre no saben si van a empezar el día con la noticia de que uno de ellos durmió en la casa de un poblador cercado por el fuego hasta ser rescatado por un helicóptero o si se encontrarán con una persona agotada, con borcegos desgastados y mal comido. Se acostumbraron a vivir en la incertidumbre constante. 

Milagros es cuñada de un brigadista del ICE Parque Los Alerces que desde hace ocho años ejerce su trabajo bajo contratos informales de apenas tres meses, pese a la exigencia extrema de la tarea. Hace más de un mes que combate sin descanso los incendios en una zona de difícil acceso del Lago Menéndez. Su hija, de ocho años, lo sabe: escuchó más de una vez a su mamá quebrarse de angustia cada vez que lograba verlo “en línea” para poder mandarle, aunque sea, un “Hola, amor”.

"Preguntamos si comiste, si descansaste, cuando en realidad queremos preguntarte si ya estás a salvo", escribió ella en una carta abierta para reclamar que se cuide también a los que están frenando el fuego porque "también es responsabilidad colectiva". Y sumó: "Las respuestas no siempre son buenas: a veces estuviste rodeado por el fuego, el sándwich de la ración estaba podrido, llevás 30 días de combate, 20 horas diarias, sin comer, esperando con suerte recibir una comida de m…o casi sin comer, trabajando 20 horas diarias en la línea y haciendo guardias de noche". 

Milagros cuenta que un día su cuñado estaba apagando el fuego cerca de la casa de un poblador pero las llamas lo terminaron cercando: "A su cuadrilla, que son 8, quedaron rodeados en una zona de Villa de Lago Rivadavia pero había avanzado todo a tal nivel que no iban a poder salir. Así que se quedaron junto a una pelopincho toda la noche defendiendo la casa y esperando que al otro día, quizás, el fuego quemara lo suficiente la ruta para poder tener una vía de escape. Finalmente, fueron a rescatarlo en helicóptero". 

A pesar de la preocupación y la angustia de todos los días, ellos se movilizaron para organizar una colecta para poder enviarles mochilas tácticas acordes, gotitas para los ojos o cremas para tratar quemaduras después de 30 días de combate. "No se da a basto con la renovación de los elementos. El Estado les entrega ropa ignífuga pero hace dos años que no lo renuevan".   

 

"Las familias tuvimos que salir a armar la colecta porque ellos tienen contratos de 3 meses y no se pueden arriesgar a perder el laburo además", aseguraron quienes esperan conseguir 8 millones para poder comparar 33 mochilas tácticas, aunque también esperan recaudar dinero para borcegos, plantillas, colirio, cremas contra quemaduras, elementos que aseguran que "no les proveen desde el parque". Milagros contó que el día que pudo volver a ver a su cuñado, en diciembre, lo vio "roto, con mucho cansancio físico". "Los borcegos estaban totalmente estirados por el calor. Tuvimos que ir a comprarle medias porque estaba usando de a cuatro para que no le bailaran, esos que usa para caminar durante 12 horas en terreno de montaña", graficó.

"Año tras año, incendio tras incendio, viven lo mismo: viandas podridas, dormir en el suelo si logran dormir, ropa ignífuga vieja y vencida, antiparras que se empañan y derriten al calor, borcegos que se deforman y pierden sus suelas. Hoy, con contratos renovados cada tres meses, dejamos la vida. Y sí, digo dejamos, porque en casa, nosotras, la dejamos con él ahí en el bosque, en cada esfuerzo, cada humo que inhala y se queda en sus pulmones, cada dolor de espalda, pies, rodillas, en sus ojos rojos al final del día, sus manos y cuello quemados, su panza vacía y su descanso ahí, en cualquier lado, sentado. Y claro que la bronca hacia sus jefes nos invade, pero en sus manos la lanza, el pulaski, el machete, la moto, nos llenan de orgullo", continúa también la carta abierta de la mujer del brigadista. 

Su hija decidió hacerle llegar un mensaje a él y a todos los compañeros, en letras negras y amarillas, rodeados de corazones: "Aguante los brigadistas. Aguante mi papá". 

"Lo único que deseamos es que vuelva, abrazarlo así todo tiznado, pasado a humo, servirle un plato de comida caliente, ponerle colirio en los ojos, Platsul en las manos y verlo dormir en una cama, saberlo a salvo y cuidado, como merecemos todos y todas, pero sobre todo ellos y ellas que día a día ponen el cuerpo para defender lo que es de todos y todas.

Si “frenar el fuego es tarea de todos”, cuidar a quienes van al frente también es responsabilidad colectiva.

Sé solidario/a, indignate también por esto, visibilizá sus condiciones laborales. No dejes de mirarlos, no solo cuando hay una emergencia.

Hoy, entremos todos y todas en el monte, apaguemos este fuego y salgamos enteros para abrazarnos. Pongamos valor al bosque y demos el mismo valor a quienes se dedican a él.", es el mensaje de su mamá, que espera a su compañero orgullosa pero no tolera el abandono del Estado que él siente día a día en sus borcegos desgastados.