Un buen nivel de hidratación es clave para quienes tienen hipertensión, ya que ayuda a regular la presión arterial y favorece la salud cardiovascular. El consumo de líquidos impacta directamente en el volumen sanguíneo, lo que a su vez influye en los mecanismos que controlan la tensión arterial.
Generalmente, se recomienda para la población en general beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios, aunque esta cantidad puede variar según la edad, el peso, el clima, la actividad física y otras enfermedades. Por eso, la indicación personalizada de un médico es fundamental para definir la cantidad adecuada para cada persona con hipertensión.
Para quienes no presentan complicaciones renales o cardíacas, consumir cerca de dos litros diarios resulta seguro y ayuda a mantener una circulación adecuada, además de prevenir la deshidratación. La falta de líquidos reduce el volumen de sangre, lo que obliga al corazón a esforzarse más y activa mecanismos que retienen sodio, elevando así la presión arterial.
Desde la perspectiva renal, una hidratación correcta facilita la eliminación del sodio excesivo a través de la orina, un aspecto crucial para controlar la tensión arterial en hipertensos.
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Sin embargo, la idea de que "más es mejor" no siempre aplica. En pacientes con insuficiencia cardíaca o enfermedad renal avanzada, un exceso de líquidos puede generar sobrecarga, edemas y empeorar la hipertensión. En estos casos, es imprescindible un control médico estricto y, en ocasiones, restringir la ingesta de líquidos.
También importa la calidad de lo que se bebe. Se aconseja priorizar el consumo de agua potable por encima de refrescos, jugos industrializados y bebidas azucaradas, que pueden contribuir al sobrepeso y aumentar el riesgo cardiovascular. Las bebidas con cafeína y el alcohol merecen atención especial, ya que su abuso puede afectar negativamente la presión arterial.
La hidratación cobra mayor importancia durante el ejercicio o en días calurosos, cuando el cuerpo pierde agua mediante la sudoración. No reponer esos líquidos puede causar síntomas como mareos, debilidad y alteraciones en la tensión. Por eso, lo ideal es distribuir el consumo de agua a lo largo del día, evitando tomar grandes cantidades de golpe.
Señales de deshidratación
Algunas señales de deshidratación son la sed intensa, boca seca, orina oscura o escasa, dolores de cabeza y sensación de debilidad. Ante estos síntomas, se recomienda aumentar el consumo de líquidos y consultar al médico si no mejoran.
En definitiva, el consumo de entre 1,5 y 2 litros de agua diarios puede ser una guía útil para la mayoría de personas con hipertensión, siempre bajo supervisión profesional para evitar riesgos y asegurar un control eficaz de la presión arterial.
