"El folklore es para gente grande", es la piedra basal de un prejuicio que dista mucho de la realidad actual. Las estadísticas demuestran que la popularidad del género entre los jóvenes no deja de crecer. También lo perciben nuevos exponentes, un influencer folklórico y dueños de peñas porteñas, que narraron cómo se vive desde adentro el ferviente acercamiento de los jóvenes a zambas, chacareras y chamamés.
Desde el boom del folklore en los 60, cada treinta años se produce un auge por los sonidos autóctonos: sucedió en los 90 de la mano de La Sole, Luciano Pereyra y Los Nocheros y pasa ahora con nuevos referentes. Lo que nunca dejó de suceder en los festivales provinciales -con predios multitudinarios repletos de gente- volvió a pasar en estadios como el Movistar Arena y en el circuito del AMBA. Así lo comprobó el dúo folklórico Campedrinos, apenas unos meses atrás en el show de FAlklore: "Se juntaron el abuelo, el nieto, los padres; familias enteras que fueron a compartir".
Los jóvenes y el folklore, un fenómeno de estadios y algoritmos
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
"Había pibes que estaban descubriendo las canciones clásicas por primera vez", señalaron en diálogo con El Destape los jóvenes folkloristas . Los exponentes de esta camada de renovación en el folklore mostraron su asombro por un suceso que crece en recitales, pero también en plataformas digitales: un reciente informe de Spotify asevera que 1 de cada 3 oyentes de folklore argentino en el país tiene menos de 30 años.
También es fácil de comprobar sin estadísticas en la mano. El fenómeno FAlklore lleva dos ediciones exitosas en YouTube y ya traspasó de la pantalla al vivo. La propuesta conjunta de Milo J y Mex Urtizberea es un punto de inflexión para el acercamiento de los jóvenes al género tradicional argentino y entrelaza generaciones de folkloristas históricos con nuevos representantes en piezas de colección que acercaron al oído de los jóvenes el sonido de los bombos legüeros, el charango, los sikus y las guitarra criollas.
"En todos nuestros shows se nota que hay mucho pibito, mucho nene adelante pegadito al escenario, pidiéndote fotos, cantándote", confirmaron los Campedrinos. En el mismo sentido, el influencer folklórico Rodrigo Medina resaltó a este medio: "Yo sentía que en la última década no se le daba tanto espacio al folklore en los medios de comunicación. Ahora está mucho más presente, veo en las redes sociales a muchos chicos haciendo folklore, mucha gente joven en festivales como Jesús María. Eso es hermoso".
Medina tiene 19 años y cosechó más de 100 mil seguidores en su cuenta de Instagram con contenido de folklore argentino. El joven nota este auge a través de comentarios en sus redes de "muchos chicos que quieren arrancar con el folklore y poder llevar nuestras raíces a lo alto". "Se respira más que nunca el folklore", concluyó.
Crear nuevos hits: el desafío más grande para el folklore actual
Además de ser ideólogo de FAlklore, la búsqueda artística de Milo J -con apenas 18 años- lo puso como el máximo referente del redescubrimiento de este género: su disco La Vida Era Más Corta tiene colaboraciones con emblemas como Soledad y Cuti y Roberto Carabajal y fusiona sonidos tradicionales de zambas y chacareras con beats urbanos propios de estos tiempos.
Estas nuevas piezas de folklore tienen un eje en común: hablan de problemáticas sociales actuales, premisa fundamental para que este estilo musical se impregne en el alma de los argentinos, que se sienta contemporáneo. En paralelo, los Campedrinos compusieron Casi Algo, una pieza que alude a una situación típica de los vínculos amorosos de esta época, y Cazzu -proveniente del trap- lanzó un disco con influencias folklóricas que la llevó a cantar zambas y bailar malambo en Jesús María.
En contraposición, Pedro Favini de Destino San Javier hizo hincapié en la preponderancia de los clásicos entre las canciones de folklore más coreadas: "Cuesta mucho generar nuevos hits porque la gente se siente muy identificada con aquellas canciones de los 60, 70; le retrotraen a un momento de la vida, a una sensación", analizó en comunicación con El Destape.
Si bien es cierto que el nuevo auge del folklore se da con una vuelta de la pasión por clásicos como Luna Tucumana, A Don Ata y Zamba Para Olvidar -piezas popularizadas por íconos como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Daniel Toro, Horacio Guarany y Los Charchaleros en el siglo pasado-, también es evidente que los exponentes emergentes del género en la actualidad imprimen su propio sello en la música folklorórica y así siembran lo que serán los clásicos del futuro.
MÁS INFO
Por su parte, Gabriel Redin y Daniel Macchiavello de las peñas porteñas La Resentida y Posta Bermejo no perciben que las reproducciones se trasladen a la vida diaria. “Si bien estos grandes eventos generan un movimiento mediático muy positivo, en nuestro caso particular y en el circuito de peñas de la ciudad, aún no hemos percibido un arrastre de ese público”, sostuvo Macchiavello. Lo secunda Redín, quien relativizó "lo del nuevo auge del folklore".
"El folklore siempre está. Si bien pasó esto de Milo J y el FAlklore, pero fijate que se juntaron gente de mucha trayectoria a cantar las canciones de siempre, que están en el inconsciente colectivo”, sentenció.
El folklore más cerca: ¿fenómeno urbano o federal?
“Es algo más de Buenos Aires. Está bueno que la gente joven se acerque al folklore. Se encausaron canciones de folklore que quizás aquí (en CABA) muchos jóvenes no las conocían y las empiezan a conocer”, analizó el músico Bruno Ragone, de Destino San Javier, también en conversación con este medio, dejando en claro que la música tradicional no es nueva fuera de las grandes ciudades.
No obstante, los Campedrinos aseguraron notar este fenómeno de manera federal: "Desde FAlklore nos dijeron que con FA (el formato de rock del mismo ciclo) estaban muy acostumbrados a ver más reproducciones en Buenos Aires y cuando sacaron FAlklore empezaron a tener métricas de todo el país. También lo notamos nosotros cada vez que vamos a una provincia a cantar".
El revoleo de poncho que lo cambió todo
Paolo Ragone -también de Destino San Javier- emparentó este fenómeno con el auge del folklore en los 90, cuyo germen se dio el 26 de enero de 1996. Esa noche el país entero se revolucionó ante la arrasadora energía que una -hasta entonces desconocida- niña de 15 años desplegó en el escenario mayor de Cosquín y así surgió un fervor popular en la juventud. Esa adolescente revoleaba al poncho al son de A Don Ata y se llamaba Soledad Pastorutti.
El 31 de enero de este año La Sole festejó sus tres décadas con la música ante una Plaza Próspero Molina repleta, con su poncho en alto y el fervor del público incólume. “Yo era chico en esa época, me acuerdo que fue una locura. Era realmente el Huracán de Arequito". Ragone recuerda a "Sole y Luciano" como "los protagonistas principales de ese fenómeno".
"Tenemos mucho que agradecerle a ellos porque modificaron las reglas del folklore”. Treinta años después, esa revolución continúa: el género que es raíz, identidad y eje fundamental de la cultura musical argentina está de nuevo en manos de jóvenes deseosos de aportarle nuevos aires a la tradición, sin olvidar su esencia.
